::Del referéndum y otros demonios

En nuestro país, los señores padres de Costa Rica, desean recurrir nuevamente al referéndum para el tema de las uniones entre personas del mismo sexo. Según la Ley Nº 8492 del año 2006, éste recurso es un instrumento de gran importancia en el avance hacia una democracia de mayor participación, es obvio, pues es el pueblo quien ejerce la potestad de aprobar o derogar leyes.

Ya lo hemos utilizado con lo del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y República Dominicana, ganó el “Sí”, provocó esto que la Asamblea Legislativa lo pusiera en práctica. Sin duda alguna, este hecho fue histórico para el pueblo costarricense y la democracia se consolidó más aún.

Ante el referéndum sobre las uniones civiles, la Defensoría de los Habitantes se opone firmemente, mientras que el Tribunal Supremo de Elecciones convoca a la votación popular. Toda esta situación tiene bastantes puntos de vista que vale la pena analizar con cuidado, entre ellos, la afectación a los derechos humanos que cada ciudadano tiene en una democracia. Los intentos de la Ofelia Taitelbaum como Defensora de las Habitantes sobre acciones de inconstitucionalidad han sido rechazados por la Sala IV.

La señora Taitelbaum tiene razón, los derechos humanos no se eligen, se reconocen; y es que Costa Rica tiene importantes tratados con otras naciones y organizaciones internacionales que regulan el respeto a estos derechos. Desde siempre, nuestro pequeño país ha fomentado el respeto, pero ahora, algo está sucediendo.

Existe la alianza de persona opuestos a las uniones civiles entre personas del mismo sexo, y son éstas quienes propusieron llevar a cabo la consulta popular. Pero no se necesita al famoso pulpo Paul para que decida quién ganará, la situación es clara, no soy poco optimista ni ave de mal agüero, pero el triunfo del NO ya está escrito, es algo ya anticipado.

Pero no todo está perdido, a pesar de que los movimientos de comunidades gais-lésbicos no se hacen escuchar, existen simples personas que sí, como un abogado particular que interpuso un recurso de amparo ante la Sala IV, y ésta aceptó estudiarlo y tramitarlo. Este recurso se fundamenta en el valor de los convenios internacionales sobre la protección de minorías y el rechazo a discriminaciones de todo tipo, en la integración de normas jurídicas a las internacionales, entre otros aspectos. Gracias a esto, se suspende de manera temporal el trámite del referéndum.

Según el orden jurídico y el principio de legalidad, todo debe inclinarse hacia el respeto de los derechos humanos de todos y cada uno de los ciudadanos de este país ante una democracia como la nuestra, libre e independiente.

Existe la integración de las normas jurídicas costarricenses, por lo que un recurso de amparo de esta índole tiene grandes posibilidades de aceptarse, y sobre todo, proteger a los ciudadanos a quienes se afecte sus derechos por su raza, cultura, religión, sexo o todo cualquier tipo de discriminación que atenta contra la dignidad.

Habrá otro tipo de personas que “en el nombre de Dios” y por motivos étnicos, raciales, políticos y religiosos criminalizan a otros, en este caso, aquellos hombres y aquellas mujeres que desean ser felices al lado de una persona de su mismo género. Pero debemos remontarnos al pasado y recordar cuantas atrocidades se llevaron a cabo “en el nombre de Dios”: La Inquisición, tribunales de la iglesia antigua que perseguía a la humanidad y castigaba los delitos contra la fe con la muerte propia o la de sus seres queridos; el Holocausto, genocidio de judíos y otros grupos étnicos de Europa y África del Norte durante la Segunda Guerra Mundial a manos de los nazis; el Ku-Klux-Klan en Estados Unidos, que impidió mediante coacciones varias décadas que los ciudadanos de raza negra ejercieran su derecho al voto y otros derechos que les reconocía la Constitución; el Apartheid, separaciones que utilizaban una política racista de marginación social, política y económica de los ciudadanos negros en Sudáfrica, situación que hasta el día de hoy se ven sus secuelas.

Pero quienes deseen un caso más cercano, nuestro país presenció importantes discriminaciones, como la de los negros en Limón, cuando en las compañías bananeras administradas por estadounidenses y europeos no mezclaban a éstos con los demás e incluso tenían sus propias zonas de residencia. Pero la vida nos hizo ratificar esta situación y en 1949, esta parte de la ciudadanía tuvo su estatus legal de ciudadano, pero han pasado por un proceso difícil de integración a la sociedad.

En conclusión, el referéndum no debe llevarse a cabo, de hacerse, abriría puertas para quienes les gusta atentar en contra de las minorías y los derechos fundamentales. Esto sería volver al pasado. Es la Asamblea Legislativa quien debe retomar el asunto haciendo las reformas legales que correspondan, para eso los elegimos. Y esto debe hacerse con rapidez, para que Costa Rica continúe por ese camino derecho hacia la integración de las normas en la legislación nacional.

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::NO al odio, SÍ a los derechos

Las cartas ya se jugaron, mal, pero se jugaron. La comunidad GLBT (Gay-Lesbianas-Bisexual-Transexual) quizo luchar por sus derechos civiles en nuestro país y lo que han conseguido es, sin duda alguna, que Costa Rica sea avergonzado frente al mundo entero. ¿Culpa de ellos?, no, para nada, culpa de todos.

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Derechos gananciales como compartir el seguro social, obtener una pensión u optar por una herencia son algunos por los que las parejas del mismo sexo han luchado de manera incesante durante mucho tiempo. Sin embargo, tras recurrir a denuncias, demandas legales, recursos de amparo y otros medios, nunca se ha logrado conseguir algo.

No obstante, tras una recolección de miles de firmas de ciudadanos, el Tribunal Supremo de Elecciones de nuestro país ha optado por una “solución”: enviar a referéndum la opción de reconocer legalmente a estas parejas. Es decir, serán los habitantes quienes decidan la otorgación de derechos de las personas cuya inclinación sexual es diferente a la heterosexual.

¿A quién se le debe esta solución de antaño? Sencillo, a la iglesia católica. ¿Porqué? Porque saben que la mayoría optará por el NO.

EL referéndum se llevará a cabo el próximo 5 de diciembre, y será en conjunto con las elecciones municipales en todos los cantones del país.

En esta situación, las opiniones de la comunidad gay-lésbica del país se ha dividido, cuando debiera ser más unida, pues esta intención de voto lo único que alentará será el odio y el desprecio. Los derechos no se deciden, se otorgan.

La manera técnica tan absurda por la que se optó, sin duda repercutirá en una cacería de brujas constante. La situación es la siguiente: según la legislación de nuestro país, si ante un referéndum el pueblo elige que no se realice el reconocimiento de derechos, el plan quedará enterrado para siempre y no podrá volver a entrar como proyecto a la Asamblea Legislativa y la comunidad homosexual tendrá que vivir como “ilegales”. Es decir, que de hacerse esta elección, será la última oportunidad que se tendrá.

En este caso, NO votar es elegir la mejor opción

Es absurdo, totalmente, ¿cómo se le puede decir a una MAYORÍA que reconozca los derechos de una MINORÍA? No se puede, por más cristianos (¿?), buenas personas, cultas y morales que sean, no se puede. Los derechos humanos no se pueden someter a voluntad pública, mucho menos en un país como el nuestro, con una mentalidad de campo.

Pero no todo está perdido, hay una solución, el referéndum para hacerse válido deben acudir a las urnas más del 60% de la población. Así que digamos NO al referéndum del ODIO, NO acudamos a votar este 5 de diciembre y digamos SÍ a los DERECHOS HUMANOS.

Aquí encontrarán el texto completo del proyecto de ley en formato Word.

::”Mi delito: Ser homosexual…”

El periódico La Nación, de Costa Rica, publica hoy  una opinión de Cristian Solera, y yo, con el debido permiso del autor, deseo compartila con todos, pues creo que es, no sólo impactante, sino también reveladora de una cruda verdad que vivimos actualmente. Espero sus opiniones al respecto.


“Mi nombre es Cristian Solera, soy costarricense, y ciudadano de segunda clase. Durante años tuve derechos y deberes como todos. Fui el mejor estudiante, trabajador, jefe, y vecino que pude. Cumplí las leyes, fui respetuoso del sistema, y mis deberes como ciudadano los llevé a cabo lo mejor posible. Pagué impuestos, la seguridad social y las deudas.

Sin embargo, nada de esto valió a la hora de tratar de ejercer ciertos derechos, porque en el país, supuesto ejemplo de derechos humanos en el mundo, mis derechos no son completos como los de cualquier otro ciudadano.

Mi delito: ser homosexual. Sí, porque en nuestro país ser gay parece ser un mayor delito que matar conduciendo borracho, golpear a la mujer, ser drogadicto, o demás fechorías; porque estas personas, aún siendo delincuentes y estando presos, tienen derechos fundamentales que a los gais se nos niegan.

El día que me enamoré y quise ejercer mi derecho a formar una pareja estable con los mismos derechos de las demás para mí no era posible. Si yo quería vivir con esta persona lo debía hacer como dos amigos quienes deciden vivir juntos, porque legalmente no constituíamos nada que valiera ante la ley.

Si alguno moría, el otro no heredaría nada, no tendría una pensión por viudez, ni siquiera tendría derecho a un día de luto en el trabajo. No podría asegurar al otro, aun cuando hubiera cotizado toda su vida; si quisiéramos pedir un préstamo con las ventajas de una pareja no lo podríamos hacer. Y en nuestro caso, dado que mi pareja es extranjera, él nunca viviría legalmente en el país “ejemplo de igualdad y libertad de Latinoamérica”. Mi solución: convertirme en inmigrante.

Gracias a Dios –sí, porque yo creo en Dios también– mi pareja es español, y en su tierra todos los ciudadanos son de primera clase. Emigré a España y aquí nuestra unión fue tan igual ante la ley como cualquier otra. Aquí puedo vivir como residente, tener un trabajo legal, y podemos asegurarnos uno al otro, compartir nuestros bienes, presentar la declaración de impuestos juntos, etc.

Me siento feliz de gozar de todos esos derechos en España, pero triste de que en Costa Rica me viera obligado a dejar todo para llegar a ser un ciudadano de primera en otro país. Dejé a mi familia, mis amigos, mi trabajo, y lo peor es que ni siquiera puedo volver con mi pareja, pues allá nuestra unión no va a ser reconocida. ¿Justicia? ¿Igualdad?

Y me decepciona aún más ver cómo las cosas no parecen cambiar a corto plazo. Pensé que una mujer en el poder sería más comprensiva y justa, tal vez pensando como una madre quien un día debe decidir si un hijo merece ser rechazado o amado, si es un ciudadano de primera o segunda. Pero según se ve, no será así.

En Costa Rica se sigue debatiendo el tema como si fuera algo religioso, pero los derechos civiles y humanos no deben pasar por ese filtro. Dios se encargará de juzgar nuestras almas cuando llegue el momento, pero el Gobierno debe dar a los ciudadanos los mismos derechos, tal como nos obliga a cumplir los mismos deberes.

Ser homosexual no es un delito, no es un capricho, ni siquiera una elección. Si el temor de la gente es que la sociedad se destruya, yo me pregunto, ¿será que todos los hombres y mujeres son gais y están esperando la ley para “salir en estampida del armario”? ¿Se han destruido las sociedades donde las uniones gais son legales?

Yo vivo en España hace meses y esta sociedad es tan normal como cualquier otra, con cosas buenas y malas que no tienen nada que ver con haber reconocido este tipo de uniones. De hecho, estadísticamente estas representan apenas menos del dos por ciento de los matrimonios totales anuales. Entonces, ¿por qué negar el derecho a una minoría de ser ciudadanos de primera como los demás, ¿son esos los valores cristianos que tanto se pregonan?

Costa Rica se llena la boca ante el mundo exhibiendo su tradición democrática, y ya es hora de demostrar hechos más que palabras. En Latinoamérica países como México y Argentina ya están dando los pasos necesarios para legalizar las uniones de personas del mismo sexo, y nuestro país no puede quedarse con una mentalidad retrógrada en un tema tan importante como los derechos civiles.

La historia ya ha demostrado errores como la discriminación a las mujeres o la xenofobia, tanto de los gobiernos como de las religiones. Es la hora para Costa Rica de demostrar que la igualdad y libertad son los verdaderos valores que queremos heredar a las futuras sociedades.”

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::No hay opiniones estúpidas, sólo estúpidos que opinan

Juan José Vargas

La “cura” milagrosa a los “enfermos” homosexuales de este país llegó, se trata de la apertura de centros que impartirán clases (¿?) para enseñarles a los hombres ser hombres y a las mujeres ser mujeres. La mente brillante detrás de todo esto: Juan José Vargas, un cadáver político de nuestro país que se autodenomina “motivador personal”.

El señor Vargas Fallas, en su basta ignorancia y poca preparación, opina que la homosexualidad es una enfermedad psicológica cuya cura existe dentro de la Santa Biblia y explica que el homosexual no nace sino que se hace. Sin embargo, ya hace casi 40 años, con amplios criterios científicos, la ONU y la Asociación Costarricense de Psiquiatría dejó de ver esta conducta como una patología detallando que es parte de la diversidad del ser humano.

La terapia milagrosa propuesta por este hombre ya recibe fuertes críticas, científicos, especialistas y hasta medios de comunicación. Ésta consiste en ofrecer clases de masculinidad y feminidad recurriendo a textos bíblicos.

Es decir, la terapia no es más que lo que ha hecho la iglesia católica a lo largo de los años: infundir miedo a las personas, asegurando que si no cambian sus actitudes el infierno y el fuego eterno serán su destino.

Pero entonces, ¿qué sucede con esos hombres creyentes, de apariencia varonil, que cualquiera pensaría que es una hombre hecho y derecho pero que su inclinación sexual es hacia personas del mismo sexo? Porque sí las hay, existen y para muestra están todos esos sacerdotes que muestran ser “hombres” de dios pero que en su personalidad oculta es un homosexual reprimido por la sociedad y su “patrona” que sacia sus deseos con niños y jóvenes inocentes.

Aquí pareciera más haber otras cosas de por medio, ya con la referencias que se tienen de la iglesia católica y que surja este tipo de movimiento deja muchas cosas qué discutir sobre la mesa. Pues hasta en varios comentarios en la web aparece el término de fraude y estafa.

El único enfermo en esta situación es el mismo Juan José Vargas, lo enfermizamente homofóbico sólo puede deberse a una simple razón… Lo dejo a su imaginación para no juzgar públicamente.

::La vida de un transformista

Teletica, en su programa 7 Días, mostró un reportaje con el título “La vida de un transformista”. Realmente muy interesante. Les invito a verlo.

[Tomado de Teletica.com]
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